EL ARTE DEL MARIDAJE

UN MARIDAJE EXITOSO ES CAPAZ DE OFRECERNOS UN VIAJE MEMORABLE A TRAVÉS DE NUESTROS SENTIDOS.

La palabra maridaje tiene su origen en el francés marriage que significa “matrimonio”. El arte es la actividad humana que tiene como fin producir un placer estético en la audiencia, y la estética es la rama de la filosofía que estudia la belleza. Bajo estas definiciones, fueron los griegos los primeros en lidiar con el complejo y subjetivo concepto de la perfección, logrando establecer ciertos parámetros dentro de ella con el objetivo de dar placer a los sentidos de quien contemplaba una obra de arte.

El vino y los alimentos se han acompañado a través de los siglos. Disfrutar un buen vino es un verdadero viaje a través de los sentidos, pero al momento de armonizarlo adecuadamente con alimentos, se convierte en un placer explosivo al paladar.

Se marida con base en las sensaciones que los alimentos nos evocan y debemos tener en mente ciertas reglas básicas: siempre hay que ir de menos a más. Si pensamos en el color, sería primero blancos, posteriormente rosados y por último los tintos; si hablamos de niveles de dulzor, primero vinos secos y después los dulces; si consideramos las intensidades, iría de una potencia aromática menor a una mayor.

Siguiendo estas ideas, un ejemplo de menú con maridaje sería, como entrada, ofrecer un ceviche de pescado que maridaría muy bien con un vino blanco seco. Si como segundo tiempo se sirviera un taquito de cochinita pibil, un vino rosado mexicano podría armonizar extraordinariamente. Si el plato fuerte fuera un filete de res entonces un vino tinto correspondería increíblemente. Para cerrar, con un postre de chocolate se recomienda seleccionar un oporto o si fuera una tarta de manzana, un champagne semi seco sería la mejor compañía. Estos dos últimos vinos, tienen un nivel elevado de dulzor.

¿ARMONÍA O CONTRASTE?
Utilizamos de manera general la palabra maridaje, sin embargo, hoy se hace una precisión importante: los ejemplos antes mencionados son de armonización, pues hablamos de que las sensaciones del vino y los alimentos avancen de la mano. Si, por otro lado, seleccionamos un vino dulce (oporto, late harvest o ice wine) y lo maridamos con algo diferente a un postre para que evoque sensaciones disímiles en el paladar, como podría ser el amargor envolvente de un queso roquefort, estaremos experimentando un efecto muy placentero basado en un muy bien pensado contraste. En difinitiva, hay quien asegura que una comida sin vino es desayuno.

Mi sugerencia para ser recordado en una mesa: Cate mucho y beba poco.

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adriana
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