EL VINO Y LA COMIDA: Compañeros milenarios

 La pareja ideal que crea experiencias deliciosas al paladar

Cuando se juntan el vino y la comida, existen dos formas de relacionarlos: la armonización de seguimiento o el contraste; ambos ofrecen experiencias inigualables al paladar. 

Cuando un vino y un alimento armonizan, ninguno predominará sobre otro en el paladar y se acompañarán como un gran matrimonio, dejando que se enaltezcan entre ellos.

Para hablar de maridaje de contraste es probable que no armonicen como tal, sin embargo, son tan diferentes que al conjuntarlos, ofrecen experiencias deliciosas.  Un ejemplo puede ser el conjuntar un vino de postre, es decir con una presencia importante de azúcar residual, con un queso maduro de sabor fuerte tal como un Roquefort.  El sabor al unirlos será delicioso aunque no exista una aparente lógica en esta relación.

¿Cómo se logra el maridaje perfecto?

Muchos sommeliers toman en broma el juego de palabras maridaje perfecto, pues la palabra maridaje viene del francés mariage que significa matrimonio y se bromea con que “ningún matrimonio es perfecto”. Derivado de ello, es que hoy se hacen las diferencias antes mencionadas, pero el término maridaje se seguirá utilizando. 

Para lograr un buen maridaje en un menú completo, se debe considerar una premisa sencilla: seleccionar vinos de “menos a más”, esto se explicará en los siguientes puntos:

1) Menos color a más color. Siempre blancos antes que tintos. Por su proceso de elaboración y naturaleza de las uvas, un vino blanco siempre presentará menos complejidad en boca que uno tinto.  

2) Menos azúcar a más azúcar. Siempre secos antes que dulces. El mejor aperitivo es un vino seco, es decir aquel que tiene menos concentración de azúcar.  Un champagne brut es una excelente opción pues además de refrescante, su presente acidez y poca concentración de azúcar lo vuelven la mejor opción para abrir el apetito. 

3) Menos crianza a más crianza.  Entonces seleccionamos primero los vinos que tienen menos tiempo en barrica y después los que tienen más tiempo de añejamiento.  Un vino que ha tenido un paso por barrica evoluciona en varios aspectos. Un vino con crianza en barrica, entonces, acompaña platillos más elaborados.  

El seguir estos sencillos pasos hará que la experiencia del maridaje resulte en una experiencia extraordinaria para el comensal, ya que para mi una comida sin vino sería el equivalente a un día en la playa… ¡sin sol!  Caten mucho y beban poco, ¡hasta pronto!

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David
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