Sense a Rosewood Spa

Mi experiencia del spa comenzó cuando me desconecté del exterior, me relajé, disfruté del sol, nadé un poco para refrescarme y me familiaricé con la atmósfera de lujo que brinda el hotel. Una hora después de haber llegado, me guiaron al Sense, A Rosewood Spa que se encuentra en la parte superior de la casona que es el edificio principal. Al caminar por los pasillos volví a disfrutar de las obras de arte que logran la combinación perfecta entre el lujo y la elegancia sencilla. 

En la recepción del Spa, se me mostró el menú de servicios y elegí el masaje relajante. Me ofrecieron una taza de té de jazmín y una toalla húmeda caliente para limpiar mis manos y rostro. Esta pausa fue importante para calmar los sentidos y prepararme a pasar. Vestida sólo con una bata me llevaron a una cabina. 

La música y la luz creaban una atmósfera deliciosa. Con esa armonía, la masajista me comenzó a hacer movimientos suaves y fuertes primero en la espalda y luego en el resto del cuerpo. Estuve a punto de dormirme pero quise estar siempre consciente de lo que sucedía para poder volver a esa sensación horas después. Al terminar el servicio pasé a un espacio común para hombres y mujeres, y luego descansé un rato en una sala sólo para mujeres antes de tomar un baño sauna. 

Me vestí y en la bata dejé colgadas todas mis preocupaciones. Salí renovada, con la piel más suave e hidratada pero sobre todo con una sensación de lujo que ya era parte de mí. Me quedé con una sensación de bienestar y agradecimiento que me llevé a la alberca donde estuve el resto de la tarde; y aún ahora al recordar la experiencia, la vuelvo a sentir. 

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David
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